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Introducción
La singularidad natural de les Terres de l’Ebre viene definida por la confluencia en un mismo territorio del mar Mediterráneo, el río y el macizo de los Ports. Estos tres elementos reúnen una variedad sorprendente de paisajes y ecosistemas de alto valor medioambiental.
El río Ebro se convierte en el nexo entre el mar y la montaña alrededor del cual se articula un corredor hidrológico natural que bordea la sierra de los Ports. Encajado entre el bosque de ribera, se recrea en meandros hasta llegar a la llanura deltaica, la desembocadura y el mar. Es aquí donde el río adquiere el mayor esplendor: marismas, arrozales, playas de arena fina, flamencos de plumas rosadas y más de 350 especies de aves que configuran uno de los espacios naturales más importantes – y también más frágiles – del Mediterráneo occidental. Las llanuras del Delta contrastan con el litoral rocoso situado un poco más al norte. Entre calas de aguas translúcidas y llenas de pinedas domina el matorral mediterráneo, con la presencia del palmito, la única palmera autóctona europea.
En el interior de les Terres de l’Ebre se erige la orografía irregular del Parque Natural de los Ports, de donde sobresalen despeñaderos imponentes que se convierten en miradores excepcionales del valle del Ebro. Ríos de montaña y árboles monumentales se procrean en el paisaje donde predomina la vegetación mediterránea de montaña. Entre la fauna destaca la cabra hispánica, una de las especies animales autóctonas de estas tierras y símbolo auténtico del macizo. También se pueden ver buitres o lúdrigas, en los puntos donde corre el agua. Las pinedas y los encinares ocupan la mayor parte del paisaje de donde sobresalen los colores de la Fageda del Retaule, el bosque de haya más meridional de Europa. En este punto se puede visitar el Faig Pare (haya Padre), un árbol de casi 25 cm. de altura que, según los cálculos, tienen unos 250 años de antigüedad.
Los espacios naturales de les Terres de l’Ebre disponen de estructuras adecuadas para atender a los visitantes: los centros de acogida del Parque Natural del Delta de l’Ebre y del Parque Natural de los Ports, conjuntamente con la red de oficinas municipales de turismo, ofrecen toda la información necesaria para poder disfrutar de este rico patrimonio natural.
El delta del Ebro es la zona húmeda más extensa de las tierras catalanas. Con sus 320 km2 de superficie constituye el hábitat acuático más importante del Mediterráneo occidental, después de la Camarga (Parque Regional Francés), y el segundo de España, después del Parque Nacional de Doñana. Por otro lado, su considerable papel en el campo biológico contrasta con la profunda humanización de gran parte de su superficie y con su no menos considerable peso agrícola. La armonía entre sus valores naturales y la explotación por parte del hombre no ha sido nunca fácil.
Con el fin de hacer posible esta armonía, y a instancias de los habitantes de Deltebre, la Generalitat de Cataluña creó por un decreto de 1983, ratificado y ampliado por el decreto 32/1986, del 23 de octubre de 1986, el Parque Natural del Delta del Ebro, en el cual se hace constar que el delta del Ebro es la primera zona húmeda de Cataluña y que su importancia a escala internacional es reconocida por los máximos organismos especializados. En efecto, ya en 1962 fue incorporado en la clasificación de las zonas húmedas euro-africanas de interés internacional elaborada por el Bureau MAR con la categoría A (de prioridad urgente).
El Parque Natural del Delta del Ebro tiene una superficie total de 7.736 ha, 5.316 de las cuales corresponden a la comarca del Montsià (hemidelta derecho) y 2.420 a la del Baix Ebre (hemidelta izquierdo). Comprende las lagunas de Les Olles, El Canal Vell, El Garxal, L'Alfacada, La Platjola, La Tancada y L'Encanyissada, las islas de Buda, Sant Antoni y Sapinya, las penínsulas de La Punta de la Banya (Els Alfacs) y El Fangar, los Ullals de Baltasar y los yermos de Casablanca.
El paisaje del delta tiene una gran personalidad que le da un carácter único en toda Cataluña. Las tierras completamente llanas le dan ya un aspecto peculiar. En su interior encontramos zonas de cultivos hortícolas y de frutales; y especialmente amplios y extensos arrozales de aspecto cambiante según las estaciones (terrosos en invierno, inundados por el agua en la primavera, verdes en verano) que tienen una singular belleza. En la parte litoral se encuentra uno de los paisajes lacustres más atractivos del Mediterráneo, con grandes lagunas rodeadas de carrizales y juncares; y en su periferia, grandes extensiones de suelos salinos con vegetación halófila (salicores fruticosos, juncos de mar) y además las largas y desiertas playas arenosas, con dunas coronadas por arenaria y otras muestras de vegetación psamófila, bien adaptada al medio.
La Vegetación
La vegetación del delta del Ebro es única en las tierras catalanas por sus peculiares características, no tanto por la rareza de sus comunidades vegetales sino por su potencial cuantitativo. Los últimos catálogos florísticos señalan 515 especies.
Las zonas salobres, con plantas muy adaptadas por la sosa concentrada en sus tejidos que les permite mantener una elevada presión osmótica para evitar la desecación, se encuentran especialmente en los puntos de contacto entre el delta y el mar a causa de la salinización producida por la acción directa del mar y por la salinidad de la capa freática. En estos salobrales aparecen con frecuencia las dunas (conocidas por "tores" y "muntells "en la comarca), más o menos fijadas por la vegetación. En una primera etapa encontramos la arenaría (A mmophila arenaria),el tártago de mar (Euphorbia paralias), luego se van diversificando las especies, con un primer anillo de Sporolobus pungens, por encima los llamados pancracios marinos (Pancratium maritimum) y en las zonas más elevadas y maduras, el pegamoscas (Ononis natrix), la bufalaga marina (Thymelaea hirsuta) y Erianthus ravenae; en la zona deltaica septentrional aparece en la última etapa la rara Limoniastrum monopetalum, Los carrizales se encuentran en buena parte de la superficie deltaica, donde hay una capa friática muy elevada generalmente cubierta por el agua, con plantas muy características: el carrizo (Phragmites communis y Phragmites communis isiacus), al que acompaña la correhuela mayor (Convolvulus sepium). En los lugares donde hay agua más profunda y estable, aparecen Cladium mariscus, espadañas, (Typha sp) y Carex sp. Estas dos últimas plantas fueron objeto de explotación para la fabricación de asientos de sillas, esteras, cestos, etc.
Los bosques de ribera constituyen la única comunidad forestal deltaica y aparecen en las orillas del Ebro donde el terreno es más elevado y la presencia del agua constante. La alameda ocupa los lugares más altos, y en los sectores más bajos aparece la salceda (Salix alba) pero son también frecuentes los alisos, los fresnos, los olmos, las mimbreras y otros árboles de carácter subespontáneo, como los chopos, los eucaliptos, las acacias, los plátanos y especies de interés como Lonicera biflora ("lligabosc de riu"). En el sector de más influencia marina el bosque se va empobreciendo y permanecen las adelfas y los tamariscos. Los arrozales comportan también un tipo de vegetación espontánea. En los pequeños lagos de agua dulce, conocidos por "ullals", crecen nenúfares (Nymphaea alba), y espigas de agua (Potamogeton sp) que crean graves problemas a la agricultura, pues invaden los canales e incluso los mismos arrozales. De hecho, los arrozales se comportan como pequeñas balsas durante la mayor parte del año, y además de las plantas citadas encontramos en ellos la espadaña, Lemma sp (dicha aquí "llaponet de pato"), la lentibularia y otras especies que han sido consideradas los vegetales adventicios más notables de esta flora: Ammania coccinea ("presseguera"), Bergia aquatica y Lindernia dubia ("aufabigueta").
La Fauna
La vegetación del delta del Ebro, por sus peculiares características, es única en las tierras catalanas, no tanto por la rareza de sus comunidades vegetales sino por su potencial cuantitativo. Los últimos catálogos florísticos señalan 515 especies.
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